No fueron protagonistas en la manifestación en favor de una vivienda digna, pero su espíritu sí estuvo presente. Una familia compuesta por un matrimonio y su hija discapacitada, de 23 años, se ha visto obligada a convertir su coche en su casa particular al no poder pagar alquileres. Ahora pinde soluciones.
Los tres viven desde el mes de enero en su coche en una zona próxima a la depuradora de la Pobla de Vallbona, al no poder pagar el precio de los alquileres de las viviendas de la zona.
El padre, Carlos, de 49 años, pide una casa "donde pueda descansar" al volver del trabajo -en la depuradora-, ya que lleva tres meses durmiendo en el asiento del conductor del turismo, mientras su mujer y su hija turnan el descanso entre el otro asiento delantero y el trasero.
Según relató Carlos a EFE, a las diez de la noche se meten en el coche y allí pasan toda la noche. Lamentó el frío que pasan y que incluso su hija se vio afectada hace poco tiempo por una neumonía.
"Estamos haciendo lo que está a nuestro alcance, buscando alquileres por todos los pueblos de alrededor, pero no encontramos un precio que podamos pagar porque están por 500 ó 600 euros", explicó.
La familia, con unos ingresos de unos 1.300 euros entre el salario del padre y la prestación por desempleo que cobra la hija, busca "una casa que pueda pagar, no pido limosna", según afirmó la madre, Carmen Gil, también de 49 años, que tiene crisis de ansiedad y dolencias articulares.
Desde 1982 han vivido en un inmueble de Valencia, una vivienda vieja por la que pagaban en concepto de alquiler 65 euros, pero fue vendida sin que ellos tuvieran conocimiento y continuaron pagando el alquiler a su antigua propietaria, según relataron.
Al cabo de seis meses, el nuevo dueño de la vivienda les reclamó el pago del alquiler durante ese periodo y la familia alegó que había abonado las cantidades correspondientes a la anterior propietaria, pero perdieron el juicio, según explicaron.
Entonces se desplazaron a la Pobla de Vallbona, donde viven desde el mes de enero en su coche, en cuyo interior guardan los alimentos, la ropa y un ordenador portátil.
El matrimonio lamentó "lo duro" que es vivir en esas condiciones, sin medidas higiénicas y teniendo que lavar su ropa en el agua de una acequia cercana, que después tienden en los naranjos que hay alrededor.