Carlos Navarro (RD)-.
Zaplana pone a la venta su espectacular piso "chic" en Valencia, tal y como El Semanal Digital publica de 375 metros en uno de los barrios emblématicos de la ciudad. Algo que podría interpretarse como una eventual salida de Zaplana de la política autonómica. El caso es que la tan "chic" residencia, según cuentan a Garganta Profunda, aún pertenece al portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana.
La señora, esposa de un profesional liberal de reconocido prestigio, íntimo amigo de un alto cargo del Partido Popular valenciano, se quedó con la miel en los labios y la amarga sensación de haber perdido una buena oportunidad: acababa de decir "no" al piso de sus sueños.
El pisito en cuestión de Zaplana tiene la nada despreciable extensión de 375 metros cuadrados, baldosa arriba baldosa abajo. Espectacular casa que casi daría derecho a sus propietarios, presentes o futuros, a tocar el mismísimo cielo. La venta, sin duda, serviría para echarle una mano en el pago de la hipoteca que debe soportar su magnífico piso de más de 500 metros cuadrados en el madrileño Paseo de la Castellana, o la del majestuoso chalet de más de 1.000 metros cuadrados que disfruta en Benidorm (Alicante), o la de su no menos majestuosa residencia en Palma de Mallorca, o la de la impresionante parcela en "La Finca" de Somosaguas (Madrid).
Vamos, que al diputado popular le han cundido sus sueldos públicos. A tenor de lo dicho se ha ido haciendo con unos inmuebles que juntos imitan la extensión, casi, del césped del Santiago Bernabeu.
Con todo, la venta del piso de Valencia puede, sobre todo, ser interpretada como un previsible alejamiento de la política valenciana del portavoz del PP. Podría ser, efectivamente, el primer paso de uno de esos episodios que dejan huella, ahora que en medios populares se deja caer que Zaplana tendrá "difícil" repetir como cabeza de lista del partido por Valencia en las elecciones generales.

Claro que el dicho según el cual perro no come carne de perro, es decir, que la clase política no tira piedras contra su propio tejado, estalla en mil pedazos cuando por medio está Eduardo Zaplana.
Para nadie es un secreto que Zaplana es una figura cuestionada en amplios sectores del propio Partido Popular. Que tras haberle cogido gustillo a eso de martirizar al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en el Congreso, optara por aceptar su derrota ante el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, y se centrase en la política nacional, así, sin más, sin que se lo pida nadie, sería el mejor gesto para el propio PP.
Desgraciadamente, la cercanía de las elecciones autonómicas y municipales de 2007 está reavivando tensiones entre zaplanistas y campistas en la Comunidad Valenciana.