Carlos Navarro (Reporteros Digital)-.
Los rugidos del motor parecen no dejar rastro mientras se disputa el Gran Premio. Nadie diría que a 20 kilómetros de Valencia 125.000 moteros venidos de todo el mundo viven en Cheste su gran fiesta. El único rastro que puede verse está en los desperdicios de la calle, y en restaurantes que han pasado un duro fin de semana:
“Esto parecía Fallas. La terraza llena y las calles abarrotadas. Hoy estamos todos agotados de servir a los aficionados que han pasado el día en Valencia”.
Eso comentaba el camarero del restaurante “Nederland”, en la Plaza Botet. “Lo de anoche fue impresionante”, nos dijo a Reporteros Valencia otro camarero de Café & Té, en la Plaza del Ayuntamiento. Pero la tormenta vivida en Cheste se suavizó a su paso por Valencia pues, aunque a muchos no les agradaba ver la ciudad invadida de motocicletas, los aficionados no provocaron incidentes como muchos temían. “Son gente muy pacífica. Vienen, se toman sus copas, lucen sus motos haciendo todo el ruido posible, se lo pasan bien pero no dan problemas”. Valencia, denunciada por sus habitantes por ser de las más ruidosas de Europa, apenas notó la diferencia con un día cualquiera.
Rugidos sin rastro por una ciudad que recupera el pulso durante la mañana del domingo, tan viva como es Valencia y con escasos bares retransmitiendo las carreras.
Reporteros Valencia se acercó hasta el mercadillo de cromos de la Calle San Vicente Mártir, donde cerca de 200 personas intercambian cromos casi exclusivamente de futbolistas, ajenos y poco interesados en lo que estaba sucediendo en Cheste.
Como este mercadillo de pequeñas ilusiones, Valencia vuelve a respirar ajena al Gran Premio.