Soy la madre de un niño de 10 años diagnosticado en diciembre de 2005, con el siguiente informe: “Presenta un patrón conductual disfuncional acorde con un Trastorno de la actividad y de la atención que está repercutiendo en la consecución de los logros evolutivos a nivel académico, como social y emocional”.
Vamos a hablar de su actitud de 0-3 años
Desde muy pequeño, le cuesta mucho acatar las normas, respetar todo lo que sea esperar su turno, las salidas de lo cotidiano suponen un mayor descontrol, las grandes superficies, centros comerciales, se muestra como caballo desbocado, gritando, tocando, cogiendo todo, tirándose por debajo de las estanterías ... , sentarse ¿Qué dices? Ni para ver la tele, ... en un descuido volaban cucharas por la ventana, el rollo de papel por el pasillo, a diario se cae el vaso de la mesa lleno de leche o el de agua o ...
En el pediatra, no para quieto, ... y de siempre hay una inquietud en relación a su comportamiento.
Mi hijo va a un colegio público de Pamplona, se queda en el servicio de guardería, se queda en el comedor.
Ahí es cuando empiezan realmente los problemas. El primer mes llora a lágrima viva, hasta tal punto, que al tiempo, me comenta un bedel, que cuantas veces ha tenido ganas de llamarme por teléfono, para que fuera a recogerlo.
Su adaptación fue más larga de lo normal y una experiencia durísima
Dicho por los profesores:
“No hay forma de que se adapte como el resto a las normas, tiene dificultad para acatar ordenes, molesta desobedece, discute ... , durante su estancia en clase nos es capaz de estar quieto, la primera clase suele ser la más provechosa, luego aparecen conductas disruptivas . La calidad de su trabajo es muy irregular e inferior a sus posibilidades reales, su capacidad de esfuerzo es baja, no suele trabajar para obtener objetivos a largo plazo. Y realiza las tareas gracias al apoyo y seguimiento de la familia
Con sus iguales no se lleva bien, suele molestarlos y son frecuentas las peleas. No logra integrarse en el grupo.”
Todas las semanas tenemos alguna historia, si no ha pegado a un niño, le ha tirado un gorro, por detrás de la tapia con la mala suerte, de que alguien se lo ha llevado y hay que reponer el daño,... lo mismo con la regla, la goma, el lápiz, una hoja que no era de él ... Idem en el comedor ... día tras día, hablamos con el director, con el orientador, escuchamos la quejas, intentamos buscar un castigo adecuado para cada momento. Y mi hijo no cambia de actitud, sino que empieza a mentir, engañar,.. no lejos de mejorar empeora,.. en el colegio escuchas que como es hijo solo, no tiene hábitos, se le deja con todo ... ¡Qué fácil es hablar! Y que triste es que nadie, ni orientador, ni director,.. sepan ayudarte…
Tu sabes que no lejos de no dejarle con todo, eres mas constante con los castigos, e incluso mas dura que con cualquier amiga que hablas.
En una de tantas conversaciones con el director, se me quedo grabada una frase que dijo.
“Cuando le castigo o riño verbalmente su mirada es impasible, no reacciona me desconcierta, no me ha tocado nunca algo así”
Castigos, riñas, nada parece tener efecto.
Esa frase se me quedó muy grabada. Porque era algo que yo venía observando, no lloraba, no lloraba por nada, aunque le pegaras, no reaccionaba ante nada, era realmente impasible, impenetrable...
Como dijo otro compañero y amigo mío psiquiatra, que me hizo varias pruebas. “Tiene una dureza interna no propia de su edad.”
Pediatra, centro de salud mental, masajes, flores de bach, medicina alternativa...
Y un día volviendo a casa en el coche, se me echo a llorar sin control, porque un niño le había pintado en su cuaderno, lloré con él, pero de la emoción de sentir esos lloros tan desconsolados por un detalle tan simple ... sintiendo todo lo que había detrás, ¡por fin rompió a llorar!.
En 1º de primaria con 6 años, tuvo una profesora que me llamó la primera semana de colegio, era nueva , pero observó que mi hijo, no estaba integrado, en el grupo, estaba sólo no tenía amigos y francamente le preocupaba. Destacó la forma que tenía de relacionarse con los demás, tomando la actitud de payaso, que los otros aprovechaban para reírse, y luego dejarlo sólo.
Con ella mejoramos mucho.
En 2º volvimos un poco para atrás, tuvimos cambios de varias tutoras por motivos de salud, y ahí fuimos otra vez a hacia abajo.
En 3º y 4º tuvimos otra profesora que nos pasó, más o menos como con la de 1º, con lo cual, nos llamó también preocupada porque detrás de esa sonrisa en su cara veía un niño muy triste y solo.
Seguíamos detrás de ello:
Al final llegó el diagnóstico.
No penséis que lo digo con descanso.
Oía:
“Bueno, deberías de estar contenta, porque por lo menos sabes por donde tirar. Ver una línea por donde caminar”
Aunque sé que es verdad.
Para mi fue muy duro, medicación sí o no. Pensar que era algo para toda su vida. En definitiva aceptar, entender, buscar nuevas puertas. Pedir ayuda a los que te rodean, profesionales, padres, hermanos y colegio de tu hijo.
La psiquiatra se puso en contacto con el colegio, la profesora entendió el problema y trabajó conjuntamente.
El primer paso fue el trabajo emocional, y mejorar la conducta, no atender tanto a las llamadas de atención sino a los pocos logros por pequeños que fueran.
Mejorar el comportamiento y las relaciones. Y así va mejorando.
El orientador discrepó su informe, no dice que no hay un problema de conducta, pero catalogar el problema como niño hiperactivo lo discute y no lo entiende. No obstante solicita el informe y se le lleva, por considerar la psiquiatra bueno.
Por mi parte, esperé alguna llamada suya, por todo lo vivido, pero no hubo más que silencio.
En este momento lo sacamos del comedor a casa de los abuelos por recomendación de nuestra psiquiatra. ¡Qué contento se puso! ¡Cómo saltaba por toda la casa! fue un acierto. Evitamos muchos castigos.
En 3º es cuando nos dieron el informe y trabajamos conjuntamente la psiquiatra, la profesora y nosotros. Mejoramos no sólo académicamente, lo más importante fue el cambio en la relaciones con sus compañeros. Es maravilloso la capacidad que tienen los niños de acoger a un niño NUEVO, porque está claro que mi hijo era un niño nuevo. Aquí tengo que agradecer la labor de la profesora.
Cambiamos de ciclo 5º 6º nueva tutora.
Aquí es donde me encuentro con un muro de 4 metros que no puedo saltar, ni esquivar.
El primer paso fue llamada de mi psiquiatra. Poco menos la mando a paseo. Nadie tiene que organizarle la clase, ni porqué darle instrucciones de cómo tratar a un chaval, porque ella lleva años de experiencia y en su clase hay 8 más como mi hijo, y a todos va a enderezar.
Comentario de esta profesora a los niños, un día y en alta voz:
Nombre de mi hijo y a continuación, “que sepas que a ti te han permitido demasiado tus otras profesoras y conmigo no te va a valer”
Después de esto esperé a la reunión general, con todos los padres, y a continuación solicité tutoría.
Primero quiso explicar porqué había mandado a paseo a esa profesional que le llamó por teléfono y me dio el consejo de que me ahorrase el dinero. Incluso que no medicara a mi hijo. Que ha tenido muchos niños así, y que a todos saca adelante. Me puso el ejemplo de un niño que conocemos que habla de una familia, desestructurada hasta tal punto que no pueden atender a sus hijos.
Yo insisto que realmente mi hijo, tiene un problema. Ella no cree en la hiperactividad, sino en falta de normas.
Quedamos que ella estaba abierta a cualquier cambio, pero que primero iba a utilizar sus técnicas.
En vista de la tutoría tan tajante en su decisión, decidí no molestarla pensando que empeoraría la relación en espera de que ella me llamara.
Durante el primer trimestre el resultado académico y comportamiento ha caído en picado. A pesar de que en casa hemos mejorado muchísimo, tiene más autonomía, a la hora de hacer las tareas y un hábito adquirido. Con mucha dedicación y trabajo consigue adquirir los conocimientos que luego en el colegio no es capaz de demostrar, dejando exámenes sin hacer, o contestando a 2 preguntas de diez. Sobre todo en materias que a él le cuesta más prestar atención como son las matemáticas, o cuando tiene que leer un texto en lenguaje, principalmente.
El comportamiento y las llamadas de atención han empeorado en todas las materias.
Nada mas comenzar las clases a la vuelta de vacaciones pido tutoría, debido a la preocupación no sólo por el resultado sino también por el comportamiento tan inadecuado en general.
Me da para 3 semanas.
Todos los niños al principio de clase deben entregar los cuadernos con las tareas realizadas. No obstante me llama una semana antes de la tutoría, indignada porque mi hijo, no le quiere hacer un olvido que es:
“Repetir en el cuaderno 8 veces, 5 ejercicios de matemáticas, porque no le entregó el cuaderno y han pasado varios días sin hacerlos”
Este castigo que para ella son olvidos, es su forma de trabajar, para que adquieran conductas adecuadas.
Esta no era la primera vez que copia olvidos.
Mi hijo asustado por el trabajo que era copiarlo todo.
Le dice:
¡No es justo y no lo voy a hacer!
Le dejo varios días sin recreo. Y como seguía con esa actitud desafiante, me llamó con la intención, si fuera necesario, expulsarlo del colegio.
El problema está en que no le entrega el cuaderno. La tarea si la hace.
¿Por qué mi hijo no le entrega el cuaderno?
Después de esta llamada le puse una pegatina en la mochila “CUADERNOS” y parece que ha funcionado.
A la profesora le dije que:
En ningún momento voy a cuestionar tu autoridad pero creo, que deberíamos preguntarnos “Por qué mi hijo no te entrega el cuaderno”
Ella contestó
“Porque no le da la gana”
Ese mismo día tenía cumpleaños y sinceramente valoré prioritario para mi hijo que fuera, hicimos la tarea. No dio tiempo a más.
Al día siguiente lo deje sin baloncesto y estuvimos desde las 17:30h hasta las 22.00 horas (4 ½ horas) sin descanso haciendo tareas y olvido.
Lo que más me duele de todo es que no vea donde esta el problema. No me escuche. Estamos hablando de un diagnóstico médico.
PROBLEMA en el comportamiento, en francés, gimnasia ..., resto de asignaturas, porque con ella dice que no tiene problema con el comportamiento. Ni una sola llamada.
¿Cómo podemos mejorar?
PROBLEMA: Irregularidad a la hora de hacer los exámenes.
¿Qué puede pasar? ¿Cómo podemos motivar?
No es justo tantas horas de trabajo, para que no sepa valorar sus conocimientos adecuadamente. Estamos hablando de un niño que trabaja y su esfuerzo es inmenso.
De lunes a viernes se levanta 7 1/2h. va al colegio, al mediodía 12:50h sale a comer a casa de sus abuelo, hace aproximadamente 45 minutos de tarea, vuelve al colegio 3:10 horas
Hasta las 17 horas.. miércoles ¾ hora de francés 1 hora baloncesto, jueves ¾ horas de inglés y lunes 1 horas baloncesto. El resto es llegar a casa a las 6:30 horas y hasta la 9 ó 9:30 horas estudiar. 10 ó 10:30 horas a la cama.
Fines de semana, y por supuesto vacaciones, no dejamos ni un día de hacer tarea, porque una vez adquirido el hábito, no puedes dejarlo.
No me llama, ni me escucha. Lo único que tiene en mente son sus olvidos.
Entonces, sí me llama.
Mi hijo siempre lleva la tarea hecha. Salvo un día que sinceramente le mandé a la cama a las 22:30 horas, porque no era capaz en ese momento de hacer 2 ejercicios de matemáticas. Y tubo que copiarlos 4 veces, por el tema de olvidos.
En la segunda reunión solicitamos ayuda del orientador que, a pesar de que es otro profesional que no cree en la hiperactividad, si ve el problema.
Ha actuado de mediador.
La profesora dice que con ella no tiene ningún problema y que no va tan mal.
Le pedimos ver exámenes y los que hace están bien, pero eso, los que hace, no es normal que a un niño le digas que van a caer dos preguntas y justo sean las dos que no contesta.
A lo que la profesora dice, “no le da la gana”
El orientador le pidió si el podía hacérselo en otro momento para valorar sus conocimientos.
Le contestó:
¡Por mí!, como si le haces todos.
El orientador intentó cambiar de asientos, nosotros en el lado de la profesora y al revés, haciéndole ver la preocupación de los padres, pero ella dijo que también tiene 3 hijos y cada uno de una rama y ...
Mi marido consiguió en una pequeña pausa decir que:
Vemos que nuestro hijo tiene un problema y venimos a pedir ayuda y a buscar soluciones. Sin más.
No dejaba hablar. Igual que el día que hable por teléfono.
Al final quedamos en que el orientador intervendría en aquellos exámenes que hiciera mal y que le animaríamos a hacer el examen en su tiempo.
Acabo la reunión por considerar el orientador oportuno.
Al cabo de 2 semanas llame al orientador por teléfono.
- ¿Cómo vamos?
Se que le has hecho el examen.
- Si, lo hizo bien.
- Ha tenido 7 exámenes y salvo uno de matemáticas, parece que va bien.
- Parece que va bien, seguir así.
- Le comento que ese día en concreto tomó tarde la pastilla, siendo el examen a primera hora y de matemáticas, que le cuesta más. ¿Igual ha tenido que ver?
Contestó:
- No hablaremos del famoso efecto placebo.
Seguimos sin entender esta enfermedad.
Hay que exigir a estos niños, como a los demás, pero también hay que ayudarles.
Y ahí estoy.
Creo que es difícil si no entendemos donde está la raíz del problema. Buscar soluciones.
Se puede hacer algo desde este artículo.
Se puede acudir a Educación.
En esta Javierada 2008 he pedido por la familia y por estos profesionales que participan en la educación de nuestros hijos para que vivan su trabajo con vocación y se sepan reciclar y dejarse orientar.
Por favor, que se escuche y no se diga alegremente “No le da la gana”
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Jueves, 20 de junio