Mariano Rajoy: "El programa del PSOE soy yo"

01.03.08 | 17:21. Archivado en RD Montaña

(RD/PAMPLONA).- Exultante, aclamado por simpatizantes que teñían de azul con sus banderas la Sala Principal de Baluarte de Pamplona, Mariano Rajoy fue claro anoche: "El programa del PSOE soy yo, un modesto hombre de provincias, todos los días masacrado inmisericordemente".

El candidato 'popular', que nada más subirse al escenario en la clausura de un mitin de UPN aseguró que no iba a insultar a nadie, añadió que la otra idea electoral de los socialistas es "vótame a mí no vaya ser que gane el PP".

RAJOY

El número de asistentes fue una de las notas destacadas del mitin. Cinco minutos antes de que comenzara el acto político, a las 19.55 horas, la fila de personas esperando para entrar en el recinto cruzaba toda la plaza. Para ese momento, ya se habían llenado la sala principal y la de Cámara, y se había habilitado parte de la sala de exposiciones y del vestíbulo principal. En total, 5.000 personas. Nunca se vio a tanta gente en un acto político en ese recinto, sin duda alguna el mitín más numeroso de toda la campaña. El mitín del Presidente del Gobierno no superó las 1500 personas en un Labrit repleto de ancianos y escaso de gente joven.

En el mitín se vió a muchos jovenes, convocados por la Asociación Navarra Liberal, que los días anteriores habían estado haciendo campaña por las universidades (UN y UPNA).
En esta ocasión Rajoy acudió con su mujer, Viri; con su colaboradora más cercaca Carmen Martínez, y les acopañaba también el anterior ministro Michavila.

Rajoy se comprometió a generar "certidumbres" y dijo apostar por la concordia y el acuerdo y no por el dramatismo y la tensión, "eso se lo dejo a otros", aseguró.

Como viene haciendo durante la campaña, afirmó

que "Zapatero no está en la realidad de los españoles", tras lo que hizo referencia al dato del IPC conocido este viernes, que subió un 4,4% en febrero. "Zapatero le sale muy caro y costoso a los españoles, su permanencia en el Gobierno es un riesgo serio", advirtió.

"Ahora tiene que venir un Gobierno a hacer una política económica como dios manda y a hacer de España una auténtica potencia en Europa y en el mundo",
añadió.

Aseguró que "en estos cuatro años ha habido mucho ruido y muy poquitas nueces, muchos problemas innecesarios" y criticó que mientras Zapatero dilapidaba la herencia recibida, negociaba con los terroristas y hacía Alianzas de Civilizaciones y "planetarias", nadie se ocupaba de lo que preocupaba a la gente.

Miguel Sanz, en su discurso quiso dejar claro que Mariano Rajoy, no iba a insultar nadie, haciendo referencia a Felipe González, un felipito que anda con sus magnates negocios de bonsais, cadenas hoteleras por Latinoamérica, y que cuando llega a España, es para sacar su crítica más rancia. Lo que el PSOE no se ha dado cuenta, es que la imagen de Felipe, se le sigue asociando, al GAL, a un país repleto de deudas y de corrupción, a un país donde la cola del paro era larga y tenebrosa. ¿Cree el PSOE que España va resurgir con Felipe González que dejó España KO?

En el aire, como ocurre desde hace una semana, flotaban todavía las palabras insultantes de Felipe González, quien ha irrumpido en la campaña como un elefante en una cacharrería y parece estar opacando al propio Zapatero.

Como escribe Ignacio Camacho en ABC, el problema de los jarrones chinos, esa vieja metáfora churchilliana que se aplicó a sí mismo Felipe, no es que nadie sepa dónde colocarlos para que no estorben, sino que los pongan donde los pongan resultan demasiado vistosos para no llamar la atención.

Por eso conviene tratarlos con mucho cuidado: son difíciles de manejar, y al menor descuido se vienen encima con todo el estrépito, amenazando con romperle la crisma al ingenuo que crea haberles encontrado un sitio a su medida.

Quizá en su infinita soberbia Zapatero llegó a pensar que su antecesor iba a ayudarle sin meterle en líos. Que un tipo tan soberbio como González iba a someterse a la disciplina de los pepiños de guardia. Que iba a pasar por la campaña sin reclamar su cuota de protagonismo. Y que se iba a atener al guión sin caer en la tentación de escribirlo por su cuenta.

Felipe ha elegido su papel y sus tiempos. Incapaz de derramar un solo elogio a una gestión que desprecia y que no se ha recatado de criticar con aspereza vitriólica, ha centrado sus apariciones mitineras en el rol de «policía malo» que desata denuestos contra la derecha.

Eso lo sabe todo el mundo, pero aun

así al PSOE le convenía soltarlo a tirar mandobles para aumentar la tensión y calentar a la grey socialista que permanece fiel a la vieja guardia. Importaba más la presencia que el mensaje.

Pero FG es demasiado zorro, demasiado altivo para conformarse con un simple trabajo sucio, y ha decidido que, además de vérsele, se le oiga.

Y se le ha oído. En la peor circunstancia, cuando ZP se dispone a afrontar el segundo debate contra Rajoy presentándose ante el electorado como un hombre de sonrisa pacífica, discurso moderado y mirada tranquila frente a un rival que le apostrofa y le llama mentiroso.

No ha habido en este desabrido carrusel de acusaciones ningún insulto mayor ni más explícito que ese sonoro «imbécil» que Felipe ha soltado en el momento más inoportuno.

El presidente ya tuvo que aguantar que Rajoy le pasase por la cara las críticas gonzalistas a su política de centrifugación del Estado. Ahora ha quedado maniatado: después de este vituperio tan manifiesto no puede victimarse, ni quejarse de Aznar, ni acusar al aspirante de bronquista y pendenciero.

Pero es que, además, González no da puntada sin hilo. Cuando, requerido por su agobiado sucesor, salió a apoyar las negociaciones con ETA, le echó un cable cargado de corriente eléctrica con aquello de que en materia antiterrorista siempre hay que respaldar al Gobierno «aunque se equivoque».

El jueves, en el clímax del estridente mitin de Málaga, dejó caer un estrambote parecido, venenoso y equívoco. «Sólo a un imbécil se le ocurre decir de sí mismo soy más inteligente, más moderado y más no se qué que Zapatero... aunque fuera verdad».

Hay adversativas que carga el diablo. Y amigos con los que sobran los adversarios. Y jarrones chinos con los que no es prudente decorar un escenario tan frágil y quebradizo como el de una campaña electoral de resultado incierto.

Sábado, 25 de mayo

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