(RD).- Para entender la increible pifia de Miguel Sebastián, su zafio intento de erosionar a Alberto Ruíz Gallardón exhibiendo en el debate televisivo la foto de la abogada Montserrat Corulla, que supuestamente ha tenido relación personal con el alcalde, basta echar un vistazo a las encuestas.
El PSOE está amenazado de sufrir en Madrid, Comunidad y capital, la mayor derrota de su historia, un estrepitoso fracaso con cargo personal al presidente del Gobierno.
La candidatura de Sebastián es una de sus «ocurrencias» de esta legislatura que más ha desconcertado a todo el mundo, también al PSOE. Como Trinidad Jiménez, el ex jefe de la famosa oficina económica de La Moncloa pertenece a la cantera de «los amigos de José Luis».
Y lleva el camino de superar, por abajo, ese 36,7 por ciento logrado por los socialistas en 2003, que ya era su peor resultado.
Pero si Zapatero «descolocó» con Sebastián a última hora, también lo hizo al no intervenir mucho antes para buscar una alternativa a Rafael Simancas. La Comunidad parecía un objetivo más fácil para el PSOE, pero siempre que intentara el asalto con una figura política de peso.
Simancas lo tuvo al alcance de la mano en las anteriores elecciones y no supo siquiera ni controlar a su grupo parlamentario. Y el grupo de Tamayo había estado entre los que hicieron secretario general del PSOE a Zapatero en 2000.
La entidad de la derrota que pronostican los sondeos en las autonómicas tampoco tiene precedentes. Perder por 17 puntos en Madrid sería un drama para el PSOE.
Las cifras de intención de voto del sondeo, la pésima imagen que los madrileños tienen del trato que reciben de Zapatero -también los que votan socialista-y la movilización del electorado del PP perfilan ya para las generales una clara derrota del partido en el poder en la circunscripción de Madrid, primera en número de escaños.
En la Moncloa sabían, por adelantado y gracias al CIS, que los candidatos del PSOE empezaban la campaña con quince puntos de desventaja sobre los del PP.
Y decidieron que valía todo con tal de paliar el desastre o, al menos, deteriorar la imagen y el futuro político de los inevitables ganadores. Ya dijo Ruiz-Gallardón que con Sebastián de candidato, era Zapatero quien se presentaba en Madrid.
Como el presidente del Gobierno no está dispuesto a que su primera derrota personal desde el 14-M sea tan abultada aplica su conocido principio del «como sea» para rebajarla.
En el PP saben desde que empezó la campaña que los sondeos les resultan tan favorables que eluden hablar de ellos. Les parecen exagerados.
En Génova el miedo es a que un exceso de confianza entre su electorado empañe su previsible victoria en la Alcaldía y hasta ponga en peligro la mayoría absoluta en la Comunidad. La participación volverá a ser la clave.