(RD / EP).- Robaban coches y estafaban a compañías de seguros en Toledo, Madrid y Ávila. Pero ya no podrán seguir con su actividad delictiva. La Guardia Civil de Ávila ha detenido a trece miembros de la red durante la Operación Golfito.
Según informó hoy el instituto armado, los 13 detenidos son presuntos autores de delitos relacionados con robos de vehículos, estafa, falsedad documental, receptación y tráfico de drogas, y en los siete registros en domicilios y garajes se recuperaron 40 vehículos robados, entre turismos, motos, vehículos todo terreno y camiones, si bien el operativo se mantiene abierto y no se descartan nuevas detenciones.
VEHÍCULOS DE ALTA GAMA
La red desmantelaba vehículos de alta gama que luego vendía después de realizar manipulaciones que dificultaban su identificación.
A la vez, adquirían turismos nuevos que aseguraban a todo riesgo y, después de denunciar su falsa desaparición, los desguazaban abandonando los chasis en la calle para que una vez encontrados por los agentes, recibieran de las aseguradoras el importe correspondiente por el robo o siniestro, procediendo después al montaje de las piezas, de forma que conservaban el vehículo intacto.
DOS JÓVENES DE ÁVILA
Las investigaciones se iniciaron en agosto de 2006, cuando agentes de la Guardia Civil detectaron que dos jóvenes de Navalperal de Pinares (Ávila) mantenían contactos con otras personas de localidades colindantes que podrían formar parte estar formando parte de una red dedicada al robo y posterior venta de vehículos.
Esta pista permitió comprobar que la organización operaba desde 2001 en las provincias de Madrid y Toledo mediante dos modalidades, ya que por un lado sustraían los vehículos o motocicletas para venderlos o desguazarlos y, por otro, estafaban a las compañías de seguro.
MANIPULABAN EL ORDENADOR DE A BORDO
Los integrantes de la banda cometían los robos sobre vehículos de alta gama, rompiendo el bombín para acceder a su interior, y una vez dentro instalaban una centralita de otro turismo de características similares, de manera que el ordenador de a bordo obedecía a las órdenes de la nueva centralita instalada.
Cuando ya habían sido sustraídos los vehículos, eran abandonados en la vía pública tras colocarles placas de matrícula de otro vehículo similar para evitar llamar su atención con lo que, pasado un tiempo prudencial desguazaban el vehículo o alteraban las piezas fundamentales para dificultar su identificación y así ya poderlos poner a la venta.