Hijos de Saturnino

27.04.09 | 09:42. Archivado en La Coruña

Pedro Arias Veira* .- Sigmund Freud decía que somos herederos de nuestra infancia. Los políticos no están hechos de distinta pasta; aunque su compleja especialización, a veces los haga aparecer como seres diferentes, tal como los retratara Rossen para el político occidental en All the King´s Men, o Andrzej Wajda en El Hombre de Mármol, referido al mundo socialista realmente vivido.

El liberalismo, en particular el de inspiración cristiana, hace hincapié en la conciencia individual y en los valores, en la memoria vivida desde la lógica de la esperanza. Por su parte el marxismo, transfondo latente de la izquierda realmente existente, se asienta en la centralidad de la estructura, en las circunstancias, en la sobredeterminación de lo dado e impuesto como pauta de la acción humana.

Hoy, en pleno siglo XXI hemos aprendido, con Popper, de las miserias del historicismo; ha tenido que pasar un siglo XX de los grandes horrores y de los nuevos terrores para que nos entendamos en ideologías débiles, con malestar en la democracia, como apunta Pérez Díaz, y sumidos en la decepción, como certifica Lipovetsky. Todavía colean viejas referencias clásicas, el actuar en sociedad según clave maquiavéllica, esa vía de alcanzar el bien por medio del mal; o abrazar la utopía creadora de Montesquieu, ya que como no somos buenos, controlémonos generando un dispositivo de poderes equilibrados que impidan que salga de nosotros lo peor.

Esta última vía, la del realismo ilustrado, el de la bondad racional, ha parido –contra todo pronóstico- la civilización occidental, el progreso, la democracia, la prosperidad y la libertad. Camino en la que Galicia, como el resto de España, ha estado secularmente apartada. Adentrarse en ella, de verdad, sin imposturas, es un tarea de gigantes, de personas sanas, de tipos simplemente humanos. Con la dificultad añadida de hacerlo en el contexto de una crisis económica que tira de las angustias masivas para no ser arrastrados por la ola de la depresión , con sus secuelas de involución económica y social.

Si Ortega estuviera en la síntesis certera y fuéramos un yo más unas circunstancias, Alberto Núñez Feijóo se encontraría con el terrible pasivo de unas circunstancia inéditamente adversas para un gobernar convencional, para un salir airoso desde las sabidurías oportunistas y/o de palleiro. Tendrá que ser excepcional, seguir su propia biografía, continuar por la misma senda.

Porque Feijóo es una persona de 47 años, como el elector gallego medio; nacido en la Galicia rural y en una familia del pueblo tal como es de verdad; formado profesionalmente en la urbana, curtido por el trabajo inteligente y reconocido por su propia valía. Y ser normal, en el sentido literal y polisémico de la palabra, es, hoy en día, ser excepcional.

La foto de Feijóo con su padre, su aparente imperturbabilidad pública con su referencia humana, es la clave de su éxito; así como de la fuerza del PP como partido representativo de la Galicia profunda, la que tenemos, la que vivimos, sufrimos y gozamos.

Al igual que el reconocimiento amoroso de su pareja, el calor prudente con sus colaboradores y la disciplina responsable que lo caracteriza. Raro carisma el suyo, porque nuestra época se presta a lo prefabricado, a la impostura y a la imagen enlatada. Nosotros mismos nos sentimos extrañados siendo naturales y ejerciendo con profesionalidad los cometidos propios del vivir en común.

Saldremos de esta si no perdemos el sentido de los orígenes, si ejercemos de pueblo inteligente, sin complejos y fieles a nosotros mismos. Todos, gobierno y oposición, listos titulados y listos sin acreditación académica; de toda la gama de ingresos, sexo, edad, residencia y condición. Si jugamos con lucidez y principios, y no vemos a los demás como idiotas desarmados, manipulables por cualquier timador de estampita.

Porque todos somos hijos, nietos o bisnietos de algún Saturnino que, por suerte, nos ha legado unas verdaderas señas de identidad para transitar, fieramente humanos, por este valle de vanidades, lágrimas y desvaríos.

* Diputado autonómico del PP.

Miércoles, 19 de junio

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