
(PD).- Por vecindad, lo más parecido a la «gauche divine» francesa que ha habido en España se dio precisamente en Cataluña, en una etapa ya completamente sepultada por el avance a coces de esa otra izquierda butifarrera, la que escandaliza estos días a la opinión pública a bordo de berlina oficial «tuneada» y con escabel.
Escribe Blanca Torquemada en ABC que en un tiempo ya casi olvidado, que expiró mediados los 90, la progresía catalana era otra: refinada, exquisita, discretamente viscontiana y, a menudo, adinerada.
«Izquierda caviar» palmariamente inconsecuente con sus ideales de igualdad y austeridad, pero, al menos, ilustrada. Cada verano se dejaba mecer por el suave oleaje de la Costa Brava en el legendario «suquet» del cineasta y diputado de IC Pere Portabella, una cita ineludible en la que, al calor de una sabrosa sopa de pescado (el «suquet de peix»), se convocaba a lo más granado de la política, de la empresa y de la sociedad. Nadie faltaba.
Jueves, 17 de mayo