(RD).- A día de hoy ya no nos llama la atención los desplantes del Gobierno con Galicia, lo que si nos deja perplejos es que estos “plantones” también se produzcan entre ZP y el bi-presidente de la Xunta de forma constante.
Y no es cosa de una sóla vez, lo que está sucediendo recientemente entre ambos gobiernos sociolistos, es más propio de jugar al escondite.
Aún colea la congoja que le dió a Zapatero cuando divisó Galicia desde la ventanilla del avión, y más concretamente Vigo. Tanto fué así que abduciendo un exceso de niebla en Peinador decidió in-extremis aterrizar en Santiago, dejando al regidor vigués en el aeropuerto pidiendo el AVE con pancartas.
No nos vamos a sorprender ahora de que el presidente del Gobierno mire a otro lado cuando se le diga que no se ha realizado ni un kilómetro de AVE en Galicia o que la depuradora de Vigo necesita una solución, puesto que contamina más el agua de la que depura.
Pero esta vez aún vamos más allá. Ya cansados de pedirle el tren de alta velocidad, decidimos probar suerte con el tren de cercanías. Cabe recordar que Galicia es la séptima comunidad autónoma en extensión y que actualmente no dispone de ningún kilómetro de tren de cercanía construido.
Dada la cercanía de las elecciones autónomicas y ante la negativa de Zapatero de conceder el AVE a Galicia, Touriño decidió como mal menor pedirle el compromiso electoral de “traer” el tren de cercanías a nuestra comunidad, más concretamente a la provincia de Pontevedra. Touriño pensó, (y esta vez con razón), si León o Asturias tienen tren de cercanías, más lo necesitará Vigo y su comarca que engloban cerca de 700.000 habitantes.
Pero como no podía ser de otra forma, la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez tiró al traste con la nueva panacea de Touriño. Esta vez, al parecer, la pataleta del presidente de la Xunta es tal que se dejó sentir Madrid. Mientras tanto “Quintín” frotándose las manos, pues él juega otro partido.
Conclusión, la titular de Fomento viaja a Galicia mañana, esperemos que no le entre la congoja al ver que cuando aterrize, ni el presidente de la Xunta ni ningún conselleiro la esperarán a su llegada. Esta vez le toca esconderse a Touriño.
Domingo, 23 de noviembre