(RD).- .- El "reality show" genovés sigue en cartel. La novedad esta semana ha sido la irrupción descocada, casi insolente, de las primarias. Leña -según subraya Antonio Martín Beaumont en Elsemanaldigital- para alimentar un fuego que ya achicharra.
"¿Primarias? No, gracias". Éste parece ser el nuevo eslogan del oficialismo pepero. Lógico. Las consideran la muerte del poder del "aparato" del partido. En cuanto metan la cuchara los afiliados de base, los "fontaneros" –funcionarios y políticos, profesionales- saldrían por las ventanas, la paz interna saltaría hecha añicos y el adiós de Rajoy estaría firmado. Con todo, es un globo complicado para pincharlo.
La red está extendida. Si don Mariano se niega a favorecer las primarias, aún más se pondrá en contra una opinión ya hostil y en la que crece la sensación –probablemente injusta- de que sólo desea agarrarse al cargo por seguir con el tren de vida de "ministro de la Oposición".
Pero si don Mariano abrazase el proceso de primarias, su pregonada independencia corajuda, sentida y elogiada en los mayoritarios ambientes populares de alma moderada, proclamada casi a modo de rebelde tardo grito contra periodistas como Losantos y Pedrojota, volaría al nunca jamás de los sueños infantiles.
Por cierto, hablando de opinión pública: ¿nadie en Prensa de Génova ha pensado que algo no se debe estar haciendo bien para tener de espaldas a tantos periodistas que en circunstancias más adversas han estado dispuestos a escucharles? Pues nada, adelante con la procesión.
En fin, volvamos a las primarias. Si Rajoy dice sí y les abre las puertas, colocará su nuca bajo una afilada espada mientras los cuervos anunciadores de la nueva venida revolotean a su alrededor. Tal inestabilidad no sólo acabaría con cualquier líder, también arriesgaría la plataforma política de un centro derecha que va desde los cotos del socialismo hasta la derecha democrática extrema. "Las primarias más que fortalecer al PP lo partirían en pedazos detrás de personalismos", pronostican mandatarios populares.
Esperanza Aguirre -o quien haya sido- ha emplazado su Grosse Bertha en pocas horas. Sí. El PP de Madrid es una engrasada máquina política bien dirigida. Por supuesto. Pero el marianismo tampoco se queda manco. Su respuesta va a ser dura. Más ahora que creen tener vencido y desarmado al ejército aguirrista: además, "por desistimiento", dicen.
De momento, en cuanto pase el cónclave valenciano, la cabeza de Francisco Granados deberá subirse en bandeja de plata a la séptima planta de Génova. No quieren seguir compartiendo edificio con el secretario general del PP madrileño, considerado ahora "Judas". Ésa es la amarga píldora que quieren trague Aguirre "por soberbia".
Y si el PP de Madrid no rebaja con agua el vino embriagador de las primarias y la cosa se escapa de las manos, Alberto Ruiz-Gallardón y Francisco Camps, que saldrán del Congreso de Valencia bendecidos vicesecretarios generales, junto a Rajoy y un secretario general –pudiera ser el diputado valenciano Esteban González Pons-, tendrán derecho, medios y tiempo, hasta esas elecciones internas, para frenar a la "lideresa". Mientras Camps no desdeña ya los semblantes en El País, con "hazañas" de sus comienzos políticos algo engalanadas, la figura del alcalde de Madrid también cada día se alarga más.
El tercer vicesecretario saldrá de Castilla y León y va a depender de lo que Ángel Acebes quiera y diga. Sería una sorpresa que su deseo fuese replegarse a su tierra para sustituir a Juan Vicente Herrera, que a estas horas –cuentan- "está decidido a continuar".
Lunes, 6 de octubre