(RD).- El presidente de Castilla-La Mancha, Barreda, declara –en EFE- que Rajoy “está falto de legitimarse democráticamente” y que el PP está incapacitado para llevar a cabo un proceso de democracia interna, participación y libertad.
Pronto olvida que él fue impuesto por el dedo de Bono cuando éste marchó al Ministerio de Defensa. En ese momento no abrieron en el partido socialista un proceso de primarias. Con ese trampolín, y desde la presidencia, ya se preparó su concurrencia a las elecciones. Todo un ejercicio de democracia.
Barreda quizá considera más democrático imponer en su provincia, Ciudad Real, como número uno en las listas al Congreso de los Diputados, a su esposa Clementina Díez de Baldeón. Imposición que provocó un duro enfrentamiento con el secretario general del PSOE en Ciudad Real y presidente de la Diputación provincial, Nemesio de Lara.
Dicho enfrentamiento ha derivado en la actual crisis socialista en la provincia del presidente Barreda, pues la lista diseñada por él –en la que también concurría el ex secretario de Estado de Comunicación con Zapatero, Fernando Moraleda- sufrió una estrepitosa derrota en las recientes elecciones: el PSOE tuvo 4.000 votos menos que los populares, perdiendo 3.000 votos que sí tuvieron en 2004. De esta forma, el PP obtuvo 3 diputados frente a los 2 que consiguieron los socialistas.
Paradójico que el nuevo defensor de la democracia sea el mismo que pasó a la historia hace apenas unos meses por modificar a su antojo y con los votos únicos del PSOE, la Ley Electoral de Castilla-La Mancha, con la única intención de perpetuarse en el poder.
Qué lejos quedan los orígenes del PSOE en Castilla-La Mancha cuando el candidato elegido –para las primeras elecciones autonómicas- por los socialistas manchegos fue Jesús Fuentes. Decisión muy respetada por sus compañeros de Ferraz. Tanto que fue fulminado “democráticamente” para imponer a un nuevo candidato llamado José Bono. Paradojas de la vida: quien ejecutó ese ejercicio de la democracia fue el todo poderoso Alfonso Guerra.